Eran las 4:00 de la tarde y la parada de bus, una hora antes vacía, se encontraba rebosante de personas en espera de un ómnibus que llegaría en una hora, o quizás más, o quizás menos, pero que al menos llegaría, a diferencia de meses atrás, cuando las rutas de transporte público estaban paralizadas en Cuba por la falta de combustible.
“Las guaguas (como se les llama localmente a los buses) están viniendo cuando les da la gana, pero están moviéndose, que ya es algo, porque antes no había nada”, dijo a IPS Estela García, una auxiliar de limpieza de 57 años, una de las personas que esperaba ese miércoles 21 en esa parada ubicada en Plaza, uno de los 15 municipios de La Habana.
La recuperación del transporte también se apoya en la afluencia de triciclos y motocicletas eléctricas, medios en manos privadas pero que ayudan a los cubanos a mitigar la precariedad del transporte.
“Qué bueno que ya se activaron las guaguas (buses). No es perfecto, ni es como antes, aunque antes tampoco estaba muy bien el transporte. Pero algo es mejor que nada”: Rosa Domínguez.
En octubre, empresas estatales de ómnibus en las provincias de esta nación insular caribeña han empezado a restablecer un flujo limitado, pero constante, de las rutas urbanas de buses, sobre todo en horarios diurnos que coinciden con los picos de desplazamientos de trabajadores hacia sus centros laborales y de regreso a sus casas.
En La Habana, por ejemplo, las diferentes rutas dentro de la ciudad realizan tres recorridos diarios: dos en la mañana y uno en la tarde.
Estas medidas pueden resultar sorprendentes en medio de la crisis de combustible que afronta el país desde finales de enero, cuando la administración del presidente estadounidense Donald Trump impuso un bloqueo petrolero a Cuba.
“Nunca pensé que volverían las guaguas este año. Probablemente el Estado tenga un poquito más de petróleo, supongo”, comentó García.
El 6 de febrero, en respuesta a la orden ejecutiva de Trump firmada el 29 de enero, que dio inicio al bloqueo petrolero, el gobierno cubano implantó un plan de contingencia para enfrentar la crisis de carburantes, con medidas que incluían racionar la venta de combustible, entre múltiples medidas de ahorro.
Los trenes interprovinciales empezaron entonces a salir cada ocho días en lugar de cada cuatro, se redujo el servicio de ómnibus urbanos y, en general, se recortó cada segmento del transporte público.
A los pocos días, las vías de la capital se vaciaron y las aceras se saturaron de peatones.
En mayo, en el punto culminante de la crisis, el ministro de Transporte, Eduardo Rodríguez, anunció una nueva disminución de los servicios de transporte.
Los viajes interprovinciales en ómnibus se limitaron a entre una y tres veces a la semana.
Los trenes que recorrían el país de occidente a oriente ya no viajarían cada ocho días, sino cada dos semanas.
Por su parte, las autoridades locales de las ciudades debieron decidir qué rutas urbanas priorizar según su poca disponibilidad de combustible.
El transporte urbano e interprovincial, que siempre había sido históricamente cubierta a precios subsidiados por el Estado, y siempre había recibido críticas por la mala calidad de su servicio, en 2026 había quedado, simplemente, desamparada.
Mejor para la economía interna
“Qué bueno que ya se activaron las guaguas (buses). No es perfecto, ni es como antes, aunque antes tampoco estaba muy bien el transporte. Pero algo es mejor que nada”, dijo a IPS Rosa Domínguez, una enfermera de 48 años que esperaba también un bus en la parada.
La falta de vehículos, combustible y piezas de repuestos han limitado durante años la calidad del transporte público en Cuba.
Según los datos más recientes de la Oficina Nacional de Estadística e Información (Onei), en 2025 fueron transportados 781,8 millones de pasajeros, 99,1 millones menos que en 2024, cuando se movieron 880,9 millones.
En 2026, con el colapso de combustible, la nueva diferencia entre cifras será alarmante.
No obstante, mientras fue avanzando el año, los buses y autos clásicos de los 50’, que funcionaban como taxis colectivos, fueron sustituidos por triciclos eléctricos chinos.
A medida que aumentó la importación de esos triciclos, los precios de sus recorridos, disparados en el primer trimestre del año, empezaron a estabilizarse y luego a disminuir.
La Nave, una aplicación móvil que conecta pasajeros y conductores en tiempo real tras la crisis de carburantes, incluyó en una actualización a los triciclos —junto a motos y automóviles—, entre los vehículos disponibles para viajar.
Su algoritmo, que tasa los precios con lógicas de oferta y demanda, evaluando la cantidad de vehículos cercanos al usuario, bajó los precios de los recorridos debido a la abundancia de motos y triciclos eléctricos.
“Al principio de este año, ese era el negocio: comprabas un triciclo, una moto, y lo ponías a trabajar. Pero ahora hay mucha competencia. A veces tengo que trabajar el doble para ganar lo mismo que hace unos meses”, dijo a IPS Yordanys Pérez, de 34 años, conductor de una moto eléctrica en La Nave y otras plataformas similares.
Sin embargo, por más que los vehículos eléctricos mantuvieran el desplazamiento de las personas en medio de la crisis, no todos los peatones podían costearse a diario el pago de esos trayectos.
Para un salario medio como el de Domínguez, equivalente a unos nueve dólares mensuales, puede ser incosteable trasladarse al trabajo en un triciclo que cuesta 25 centavos de dólar apenas por un corto recorrido.
Por eso, se alegró mucho cuando restablecieron los ómnibus urbanos, cuyas rutas cubren tramos mucho más largos al costo del equivalente a solo 0,0025 dólares, un cuarto de centavo de dólar.
“Puede que demore mucho la guagua, pero esperarla es mejor para mi economía”, dijo Domínguez jocosa.
Combustible importado
Tras casi nueve meses de bloqueo petrolero, La Habana no solo ha recuperado en cierto grado los buses en su paisaje urbano, sino también automóviles, motos y camiones que utilizan gasolina o diésel para funcionar.
El 7 de febrero, cuando la estatal corporación Cimex suspendió las ventas de combustible en moneda nacional, eliminó la de la diésel y limitó a 20 litros por vehículo la de gasolina, el precio de los distintos combustibles en el mercado negro se cuadruplicaron en menos de un mes.
El litro de gasolina llegó a alcanzar los 10 dólares.
El gobierno también despenalizó entonces la importación de combustible y autorizó a cualquier empresa –incluidas las privadas– a comprarlo en el exterior, cuando antes sucedía a través del Estado de forma centralizada.
En pocos meses, el sector privado creó toda una cadena logística de importación, almacenamiento y distribución de combustible que terminó con las gasolineras estatales, arrendadas al sector privado.
El paquete de 176 “transformaciones económicas y sociales” aprobado el 19 de junio por el unicameral parlamento cubano, permitió nuevas posibilidades de comercialización de combustible, así como de inversión en el transporte y en la extracción de crudo en los yacimientos del territorio nacional.
En agosto, la resolución 47 del Ministerio de Transporte eliminó el límite de compra de seis vehículos en cinco años que existía antes para cualquier cubano, amplió la cantidad de empresas facultadas para venderlos, e incentivó mediante exenciones de impuestos la importación de vehículos eléctricos acompañados de sistemas de cargas con fuentes renovables de energía.
La importación por empresas privadas de diésel, gasolina y gas desde Estados Unidos —prácticamente la única fuente factible por las sanciones de ese país— ha ido en aumento desde su autorización en febrero por parte de los dos gobiernos.
Según un balance del US Census Bureau, la oficina federal para datos estadísticos de Estados Unidos, las compras cubanas de combustible estadounidense entre enero y junio fueron de 95,7 millones de dólares, mientras que la suma total entre 2002 y 2025 no alcanza los 1,3 millones.
Para agosto de este año, la cifra acumulada desde enero llegó a los 231,7 millones, según datos del Consejo Económico y Comercial Estados Unidos-Cuba publicados a inicios de octubre.
El precio de la gasolina, ahora ofertado de manera legal por privados, y ya no tanto en el mercado negro, puede llegar a alcanzar 2,50 dólares el litro.
Sin embargo, los volúmenes de combustible importado están lejos de suplir su escasez generalizada en Cuba.
El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, afirmó el 9 de octubre en una entrevista con la agencia Reuters, que las cantidades recibidas ni siquiera cubrirían 3 % de la demanda nacional de combustible. (Dariel Pradas. LA HABANA)
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