“Bienvenidos a mi casa”, dijo con una sonrisa Fernanda Londoño al recibir al equipo de periodistas de EFE mientras señalaba una carpa donde tenía su ropa. “Aquí está todo lo que tengo, es cómoda, perdonen por no tener sillas”, añadió.
Lo que señaló como “casa” mide dos metros cuadrados y está hecha de lona. Allí duerme, guarda algunas prendas de vestir y espera, como miles de familias del barrio Chiminangos, de Cali, un nuevo comienzo.
El terremoto de magnitud 7.4 que sacudió el centro y el suroeste de Colombia hace ocho días, afectó la torre de apartamentos de seis pisos donde vivía Fernanda y le impidió regresar a su vivienda.
“Estaba con mi abuela de 84 años y mi hijo de 18, que estaba en muletas. Estábamos en un segundo piso, pero al bajar se nos hizo un rascacielos. Los saqué como pude mientras veíamos cómo el terremoto empezó a dañar las paredes, cómo se rompían y cómo se nos caían las cosas”, dijo a EFE.
A pesar de que eran las 7:34 de la mañana, el terremoto ocurrió bajo un sol intenso. Durante seis días, el calor acompañó a quienes tuvieron que abandonar sus casas y acostumbrarse a dormir en carpas.
Sin embargo, desde la noche del domingo y durante este lunes, cuando se cumplen ocho días de la tragedia, la lluvia se sumó a la nueva rutina: ha sido intermitente, no ha parado y, aunque no ha sido intensa, sí ha sido constante.
“Aquí estoy sola porque no quiero que ni mi abuela ni mi hijo vivan esta tragedia. Ellos están de posada en otro lugar y aquí estoy para poder apoyar a los míos”, relató Fernanda.
En algunos sectores del barrio se han improvisado centros de acopio para recibir agua, alimentos, ropa y otros elementos. En otros se han instalado ollas comunitarias y también hay lugares donde la comunidad recibe almuerzos y comidas preparadas por ciudadanos, organizaciones no gubernamentales y voluntarios.
También hay duchas portátiles, espacios de atención para mascotas y carpas donde psicólogos escuchan a personas que necesitan acompañamiento para cuidar su salud mental después de haberlo perdido casi todo.
Recuperar algo para seguir con sus vidas
Como ella, hay centenares de personas que siguen esperando poder entrar a sus apartamentos. Quieren recuperar una nevera, una lavadora, ropa, documentos o cualquier objeto que haya quedado dentro. En ese barrio popular de Cali, esos electrodomésticos no son simplemente pertenencias, son bienes que muchas familias consiguieron después de años de trabajo.
EL CARIBE
