El senador de extrema derecha se ha comprometido a recortar el gasto en un 1,5 por ciento del PIB, pero los analistas advierten que la austeridad representará un reto político.
Mientras que Javier Milei prometió de manera memorable usar una motosierra para reducir el inflado Estado argentino, Flávio Bolsonaro, su aliado de extrema derecha en el vecino Brasil, ha estado blandiendo unas tijeras gigantes en sus mítines de campaña.
Encontrándose en una excelente posición para ganar la presidencia a finales de este mes tras lograr una sorprendente ventaja de dos puntos en la primera vuelta electoral, el hijo del exlíder encarcelado Jair Bolsonaro ha convertido el equilibrio de las cuentas públicas en el eje central de su plataforma proempresarial.
Antes de la segunda vuelta electoral del 25 de octubre contra el presidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva, el equipo del senador de 45 años se ha comprometido a hacer frente a la elevada deuda y a los altos costos de endeudamiento mediante recortes de gasto por alrededor de US$40 mil millones, lo que equivale al 1,5 por ciento del producto interno bruto (PIB).
«Voy a usar las tijeras grandes a partir de enero del próximo año. Habrá recortes en los impuestos, recortes en la burocracia, recortes en la corrupción», dijo él durante un mitin en agosto.
La deuda pública de la mayor economía de Latinoamérica ha ascendido al 83 por ciento del PIB bajo el mandato de Lula, un nivel relativamente alto para un país en desarrollo que, según advierten algunos economistas, corre el riesgo de volverse insostenible. El déficit presupuestario de Brasil se encuentra entre los más elevados del G20.
«Es un problema muy apremiante», afirmó Alberto Ramos, economista jefe para Latinoamérica de Goldman Sachs. «Es una bomba de tiempo si no se aborda», agregó él.
Los críticos de Lula sostienen que el creciente gasto y los déficits presupuestarios han obligado al banco central a mantener una política monetaria restrictiva para contener la inflación. A pesar de los recortes de este año, la tasa de interés de referencia se encuentra en el 13,75 por ciento, lo cual les impone onerosos costos de financiamiento al Gobierno, a los consumidores y a las compañías.
Bolsonaro ha prometido reducir el número de ministerios del Gobierno, así como tomar medidas enérgicas contra los privilegios del sector público y el fraude en la seguridad social. Sin embargo, él aún no ha detallado completamente cómo lograría esta ambiciosa austeridad fiscal, la cual, según los analistas, podría ser políticamente difícil de implementar en un contexto de desaceleración económica.
Aunque los recortes propuestos por Bolsonaro son más modestos en términos porcentuales que la «terapia de choque» de Milei en Argentina, sus promesas de honestidad fiscal han sido bien recibidas por los inversionistas. Las acciones locales y el real brasileño se dispararon tras el resultado de la primera vuelta del domingo.
«Creemos que el impacto positivo en la confianza que supone la victoria de Flávio Bolsonaro podría dar lugar a una reducción de las tasas de interés a mediano plazo y, por lo tanto, ayudar a mejorar la dinámica fiscal en Brasil», dijo Jared Lou, gestor de carteras de William Blair, un banco de inversión multinacional estadounidense.
Los planes de Bolsonaro incluyen un objetivo no especificado de relación deuda-PIB, que, de no respetarse, podría desencadenar restricciones presupuestarias. Su equipo también ha prometido revertir los aumentos de impuestos aplicados por Lula.
Sin embargo, a pesar de todo el entusiasmo del mercado, existen dudas sobre la viabilidad de imponer impopulares medidas de austeridad justo cuando el período de sólido crecimiento bajo el mandato de Lula pierde impulso. Los gastos obligatorios, como la seguridad social y los salarios, consumen aproximadamente nueve décimas partes del presupuesto de Brasil, dejándole al Gobierno poco margen de maniobra si no se introducen cambios legislativos.
La considerable cantidad que el país destina al pago de intereses es otra carga para las arcas públicas. Se prevé que su déficit presupuestario primario —es decir, antes de los pagos de intereses— sea del 0,4 por ciento del PIB en 2026. Pero, al incluir los costos de la deuda, el déficit se dispara al 8,9 por ciento, superando a la mayoría de las principales economías del mundo.
Para evitar que la deuda siga aumentando, algunos economistas estiman que se requiere un superávit primario de alrededor del 2,5 por ciento.
No obstante, los excelentes resultados de la derecha en las elecciones legislativas del domingo reforzaron la confianza de los inversionistas en la agenda económica de Bolsonaro. Su Partido Liberal (PL) amplió su presencia como la fuerza más numerosa en el Congreso y, según los analistas, debería poder formar mayorías en ambas cámaras con el apoyo de otros partidos conservadores y centristas.
Se podrían lograr ahorros de costos al centrarse en áreas como los llamados «supersalarios» del sector público que exceden un límite constitucional y al eliminar una norma que vincula ciertos beneficios y pensiones a los aumentos del salario mínimo.
Sin embargo, se enfrentarían a la resistencia de los grupos afectados y a la presión de los grupos de interés, ya que se necesitaría la aprobación del Congreso para ciertas medidas, como las privatizaciones o la eliminación de las exenciones fiscales corporativas.
«No creemos que Flávio pueda cumplir con todo lo que está proponiendo, especialmente con el recorte total del gasto de un 1,5 por ciento del PIB», dijo Leonardo Meira Reis, analista político de la consultora Eurasia Group. «Pero, en términos más generales, él podrá aprobar un nuevo marco fiscal. El Congreso respaldará firmemente su agenda económica desde el principio».
Él advirtió, sin embargo, que incluso una legislatura más conservadora no sería automáticamente disciplinada en materia fiscal. En los últimos años, los legisladores han obtenido una proporción cada vez mayor del gasto discrecional para proyectos clientelistas, lo cual podría resultar difícil de contener.
El Partido de los Trabajadores (PT), al que Lula pertenece, advirtió esta semana que las políticas sociales y los servicios públicos podrían verse afectados por su rival de derecha, señalando que el financiamiento para programas como las comidas escolares y los medicamentos gratuitos se redujo o se congeló durante el mandato del padre del candidato. El padre de Bolsonaro fue criticado internacionalmente por desmantelar las agencias encargadas de hacer cumplir las leyes ambientales.
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