El nuevo milenio encontró a Pablo —nombre ficticio para resguardar su integridad— entre monedas que repiqueteaban, ruletas en constante giro, mesas de juego bajo focos multicolores… una atmósfera llena de adrenalina que detonaba sus impulsos. A las afueras del casino, prestamistas al acecho le facilitaban dinero a cambio de sus pertenencias, vehículos o celular, alimentando una espiral de juego descontrolado hasta consolidar una severa ludopatía. En ese círculo vicioso, el juego destruyó sus finanzas, su entorno familiar, su paz y su integridad, manteniéndolo atrapado en la obsesión por el dinero y la suerte hasta que finalmente entendió que necesitaba ayuda.
De acuerdo con las proyecciones de centros de adicciones y especialistas en salud mental, su historia es tan solo una de las 200,000 personas que en el país están dominadas por la adicción al juego o la ludopatía, porque no existe un registro epidemiológico nacional continuo o censo oficial sobre este trastorno del comportamiento de la salud mental que registre la tasa exacta de prevalencia en toda la población.
Un factor de riesgo clave para este aumento es la altísima densidad de bancas de lotería y deportivas reguladas, sumadas a las informales, que están diseminadas por doquier.
En los primeros años ejerciendo como terapeuta en adicciones, Teresa Adames, psicóloga general y especialista en adicciones, las dependencias químicas, como al alcohol, marihuana y cocaína, eran prácticamente todos los motivos de atención; sin embargo, la ludopatía ha estado avanzado y actualmente se considera como la primera y más agresiva de las adicciones conductuales en la República Dominicana. “Desde mi experiencia de más de 30 años como especialista en adicciones, la demanda de atención por ludopatía ha aumentado de forma significativa. De igual forma, los centros especializados y las consultas psiquiátricas del país reportan un crecimiento sostenido en las solicitudes de ayuda”, dice.
Adames entiende que al ser una adicción caracterizada por la pérdida del control de impulsos, el paciente recurre al endeudamiento compulsivo, préstamos informales con usureros, los conocidos como prestamistas, y venta de bienes familiares. “En mi experiencia he sido testigo de jugadores que empeñan y pierden sus vehículos, dinero y joyas, en solo una noche de juego. Hasta la casa han perdido, luego de hipotecarla para jugar”.
¿Los ludópatas pueden tener ideas suicidas?
Claro que sí, el riesgo es alto en comparación con otras adicciones. El ludópata transita por varias fases: ganancia, pérdida y desesperación. Al llegar a la fase de desesperación, el paciente experimenta un estado de pánico y arrepentimiento agudo provocado por la quiebra total, las amenazas de cobro de deudas y la vergüenza de haber defraudado a su familia. Por los registros clínicos de los especialistas, se estima que el 85% de los pacientes con ludopatía llega a contemplar la muerte y un 49% piensa seriamente en el suicidio como la única “salida” para detener el sufrimiento y anular sus deudas.
De acuerdo con datos técnicos expuestos por especialistas en psiquiatría de la República Dominicana, aproximadamente el 19% de los suicidios registrados en el país está directamente relacionado con deudas derivadas de los juegos de azar y trastornos de ludopatía.
Para Teresa Adames, quien ha liderado equipos de personas en el diseño e implementación de programas de prevención de las adicciones en Casa Abierta, la digitalización del juego ha eliminado las barreras tradicionales de acceso, como la distancia física y el estigma social de entrar a un casino o banca. “Con las aplicaciones móviles y billeteras virtuales, el juego está disponible las 24 horas del día, los 7 días de la semana, facilitando una satisfacción instantánea, aspecto clave en el desarrollo de una adicción. El auge de las apuestas deportivas en línea favorece que la población joven sea la más vulnerable a desarrollar dependencia de forma acelerada”.
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