La temporada ciclónica del Atlántico comienza a entrar en su tramo de mayor actividad con tres zonas de disturbios bajo vigilancia, una de ellas con hasta un 60 % de posibilidades de convertirse en depresión tropical durante los próximos siete días.
El seguimiento ocurre mientras agosto, septiembre y octubre concentran históricamente la mayor parte de la actividad ciclónica de la cuenca. Aunque los pronósticos apuntan a una temporada 2026 por debajo de lo normal, el incremento de sistemas bajo observación recuerda que una menor actividad general no significa ausencia de riesgos para el Caribe.
La zona que genera mayor interés se encuentra al sur de las islas de Cabo Verde, donde una pequeña área de baja presión produce aguaceros y tormentas eléctricas desorganizadas. El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC) estima en 20 % su posibilidad de desarrollo durante las próximas 48 horas, pero eleva esa probabilidad a 60 % en los próximos siete días.
El sistema podría fusionarse en los próximos días con una onda tropical que actualmente se encuentra sobre África occidental. De mantenerse condiciones ambientales favorables, podría organizarse hasta convertirse en una depresión tropical durante la segunda mitad de la semana, mientras se desplaza hacia el oeste u oeste-noroeste por el Atlántico tropical central.
Por su distancia actual, todavía no existe una trayectoria definida que permita establecer posibles efectos sobre República Dominicana u otros territorios del Caribe. Tampoco se han emitido vigilancias ni advertencias para el Caribe, Florida o las costas estadounidenses.
Otras dos zonas bajo vigilancia
El NHC también monitorea una onda tropical ubicada entre la costa occidental de África y las Antillas Menores. El sistema avanza rápidamente hacia el oeste y presenta una probabilidad de desarrollo de apenas 10 % tanto para las próximas 48 horas como para los próximos siete días.
Una tercera zona se encuentra al norte de Bermudas y también tiene un 10 % de posibilidades de desarrollo. Los meteorólogos prevén que el sistema alcance aguas más frías después del miércoles, lo que limitaría sus posibilidades de fortalecimiento.
Para República Dominicana, el escenario inmediato es distinto al que podría plantearse si alguno de estos disturbios lograra organizarse y acercarse al Caribe. La vigilancia responde principalmente a la evolución de los sistemas y no a una amenaza concreta sobre el territorio.
Una temporada menos activa no elimina el riesgo
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) mantiene su previsión de una temporada ciclónica por debajo de lo normal. En su actualización del 6 de agosto estimó un 75 % de probabilidades de que la actividad termine por debajo del promedio y proyectó entre siete y 13 tormentas con nombre, de dos a seis huracanes y entre cero y dos huracanes mayores.
Hasta el momento se habían formado dos tormentas con nombre, Arthur y Bertha. Sin embargo, la propia NOAA advierte que buena parte de la actividad prevista para 2026 se concentraría precisamente entre agosto y octubre.
El dato resulta relevante para el Caribe porque el promedio histórico no distribuye de manera uniforme la formación de ciclones durante los seis meses de temporada. El período de mayor actividad comienza a mediados de agosto y suele alcanzar su máximo alrededor del 10 de septiembre.
Por eso, el seguimiento de los tres disturbios actuales no implica que República Dominicana esté ante un ciclón inminente, pero sí coincide con la etapa del año en que las condiciones atmosféricas requieren mayor vigilancia.
En otras palabras, el pronóstico de una temporada menos activa reduce el número esperado de sistemas, pero no descarta que alguno pueda alcanzar intensidad suficiente para representar un riesgo para las islas del Caribe. El comportamiento de cada fenómeno dependerá de las condiciones atmosféricas y oceánicas que encuentre durante su desplazamiento.
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