A sus 70 años, José Breijo salió de la cárcel por la amnistía a presos políticos en Venezuela. Al regresar a su apartamento casi tres años después lo encontró ocupado por el policía que lo detuvo, y tuvo que dormir en el pasillo afuera hasta que pudo recuperarlo este miércoles.
En Venezuela, los presos políticos y sus familiares han sufrido el saqueo o la confiscación de sus casas por parte de autoridades mientras están encarcelados o exiliados.
Breijo, un uruguayo-venezolano, fue excarcelado la semana pasada en el marco de la amnistía impulsada por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, bajo presión de Washington tras la captura de Nicolás Maduro en un operativo estadounidense.
Debe cumplir arresto domiciliario, pero hasta el martes tuvo que hacerlo afuera de su apartamento, asignado hace tres meses a uno de los policías que lo arrestaron.
Las fuerzas de seguridad incluso intentaron desalojarlo del pasillo. «Si me voy, me meten preso», recuerda que les respondió Breijo, un exadministrador hotelero.
Débil, trastabillaba por las escaleras hasta la cama ubicada en el pasillo, su aposento hasta hace pocos días, según su relato.
Las piernas ulceradas denotan su estado de salud deteriorado en la cárcel tras su arresto a finales de 2023.
Fue detenido, según contó a la AFP, luego de intentar vender una foto que había tomado de las oficinas de un supuesto grupo islamista en Caracas, tras el estallido de la guerra entre Israel y Hamás.
La persona que supuestamente le compraría la foto lo citó en una panadería. «Pedimos un café y la persona que vino a entrevistarse me preguntó qué es lo que tenía. Le dije que tenía una foto, se la mostré y luego me puso las esposas», describió.
«Ahí empezó mi karma, en los peores calabozos, donde reina la droga».
Explicó que necesitaba 1.500 dólares para un cateterismo y pensó que podía vender la imagen para pagar la cirugía.
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